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Muchas de las personas que llegan conmigo ya intentaron muchas cosas.
Ya probaron diferentes alternativas. Ya hablaron con gente, ya buscaron por su cuenta, ya hicieron lo que se supone que uno debe hacer. Y llegan conmigo casi como un último recurso. Como diciendo: "a ver, ya lo intenté todo, vamos a probar esto también."
Y quiero decirte algo, si tú te sientes así ahorita: eso que sientes—esa sensación de que todavía falta algo, de que hay algo más profundo que no has resuelto—no te lo estás inventando.
Hay muchas maneras de sentirte mejor por un rato. Y no está mal buscar ese alivio. Pero a veces la ansiedad, el estrés, ese peso que traes, regresan. Y regresan porque no fuimos a buscar de dónde vienen.
En mi trabajo, yo no busco nada más darte el alivio superficial y ya. No busco que salgas relajada de una sesión y que mañana estés igual. Para mí eso no es la idea.
Lo que yo busco es entender por qué está ahí eso que te preocupa. Por qué surgió. De dónde viene. Porque muchas veces la persona llega y me dice: "nada más necesito que me quites esta ansiedad." Y yo entiendo que así se siente. Pero no es nada más así. Necesitamos ir y buscar un poco más.
Hay cosas que cargamos—recuerdos, emociones, creencias—que normalmente permanecen fuera de nuestra conciencia. No es que no estén. Es que no tenemos acceso a ellas cuando estamos aquí, en el día a día, corriendo de una cosa a otra.
Por eso a veces repetimos lo mismo y no entendemos por qué. Por eso a veces reaccionamos de cierta manera y ni nosotros nos explicamos de dónde salió. La raíz está ahí, pero está guardada en un lugar al que no llegamos así nada más.
Y en mi experiencia, cuando por fin exploramos esa parte—esa parte que casi nadie se anima a explorar—es cuando la persona encuentra el porqué. Y ahí está la solución. No en quitar el síntoma, sino en entender la raíz para poder trabajarla completamente.
No te voy a decir que es fácil, porque no lo es. Muchas veces es más cómodo no ir a buscar ahí. Es más fácil quedarnos donde estamos.
Pero hay que ser valientes para poder enfrentar esas situaciones difíciles y poder vivir con tranquilidad. Y quiero que sepas que no lo tienes que hacer sola. Yo simplemente te guío. El trabajo lo haces tú, pero yo voy contigo en todo el proceso, con mucho respeto y sin juzgarte nunca.
Y algo importante: mi idea no es que dependas de mí para siempre. Al contrario. Conforme vamos trabajando, te vas llenando de herramientas para que en algún punto ya no me necesites—para que puedas caminar por ti misma, con tu propia tranquilidad.
Porque sí, realmente se puede vivir en paz. Aunque no todos tus momentos hayan sido buenos.
Si estás pasando por un momento difícil, quiero decirte que pedir ayuda no es una debilidad—es un acto de valentía. No tienes que tener todas las respuestas hoy. Soy Itziar Ramos, de Centro Mente en Calma.
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